Setter

 

(Fotos y texto: Eva María Sierra Marín) lluis-lar

 

Será que en otra vida fui gato y es por eso que esta vida presente había de compartirla con un setter…

¡qué digo uno! Cuatro: Carmelo, Luna, Lucas y Lar.

 

No se sabe lo que es el correr de un perro hasta que no se ha visto a un setter correr. Parece que se deslizan fundiéndose con el horizonte en perfecto equilibrio; galope raso y elegante sobre la hierba cuando están altos los tallos como si fueran éstos los que les sujetan e impulsan en lugar del suelo.
De hecho, no debemos sorprendernos (salvo gratamente) al verlos batir grandes superficies de terreno. No nos asuste, pues, al soltarlos en campo abierto, la amplitud que alcanzan sus lazos a uno y otro lado, siempre avanzando por delante nuestro, pues sienten verdadera atracción por correr y es patente su disfrute.
¡¡Recuerdo aún con gran emoción, la primera vez que soltamos a Lar en la playa!!
Cuánto pudo disfrutar corriendo.

Al mismo tiempo, no tienen miedo en adentrarse en zonas boscosas o monte cerrado, a traves de zarzales, incluso sin precaución por arañarse o enredarse en ellos. A ello contribuye su manto sedoso y suave que les proteje de heridas superficiales.

         (prestaremos especial atención, al final de primavera, a las temidas espigas que pueden quedar semi-ocultas y                          pasarnos desapercibidas, por lo que no temeremos hacer buen uso del cepillado tras un día de monte ¡Les encanta!)

 

El setter es sumamente inteligente para adaptarse a su compañero humano; adaptarse a su interés e  intención en el paseo. Es un animal incansable y un poco cabezota, sin embargo, transforma toda su energía y vitalidad adaptándola al ritmo del hogar: cuando toca paseo, paseo, cuando toca sofá, sofá.

En nuestro jardín les hemos contemplado anunciar la primavera invitando al juego a las mariposas y los pájaros. Es ahí donde desarrollan su innata capacidad, tan característica de la raza y que tanto recuerda a los grandes felinos, con esa muestra tensa y llena de emoción. Pero a diferencia de otras razas, muestran por mostrar-nos, por compartir con nosotros aquello que han descubierto con su tan marcado instinto de búsqueda: un ave apeonando entre matojos, una mariposa posada en una flor,…una tensión elegante y tierna; la vista fijada en un punto fijo y con el rabillo del ojo, hacia nosotros, como queriéndonos decir "¿¡has visto!?"

 

En la mirada de un setter se entremezclan la bondad                setter

de su expresión y la firmeza de su carácter. Mirada profunda siempre atenta al humano que eligió.

 

A nuestra casa llegó un día Carmelo, uno de tantos de esos perros de caza de origen irrastreable de tantas manos irresponsables por las que pasó. Fue nuestro primer setter, del que guardamos un hermoso recuerdo, pues, aunque un día "desapareció" y aun a pesar de los esfuerzos no hubo manera de localizarlo, en ese sendero de búsqueda y aunque él nunca regresó, encontramos a Lucas, a traves de otra compañera también veterinaria.
Lucas, un setter blanco y naranja, tenía ya 5 años. Despistado y cariñoso como él solo que supo encontrarnos, porque aunque se había criado en una casa y era sumamente cariñoso, le habían dejado solo en un chalet del que, por supuesto, decidió escapar. Localizamos a sus "propietarios" y les convencimos para que nos hicieran la cesión que lo convirtiera en el nuevo miembro de nuestra familia.
El estrés con el que había vivido toda aquella situación derivó en un Hipotiroidismo, que sobre llevó en nuestra casa a base de mucho sofá.
Nos dejó hace dos años.

Mientras tanto, nuestro hermano y su familia no acababan de acostumbrarse a las necesidades de Luna, una preciosa setter-irlandés simpática, independiente y un ¡poco trasto! y ya que la raza la sentíamos tan cercana, nos la quedamos.

         SAM_0610                                                                                                                            ¡ ¡Y con nosotros sigue! !

 

La colaboración de nuestra clínica con diferentes asociaciones protectoras y personas relacionadas con ese submundo que son las perreras municipales, nos pone delante realidades y situaciones límite, como todos podéis imaginar en especial con los perros de caza y es así como nuestra amiga Alicia hizo un huequito en nuestra familia a la medida de Lar.
Lar, bebote sin normas, con ganas infinitas de jugar y saltar y sobretodo de abrazar y ser abrazado. Hoy me sigo derritiendo embelesada cuando me mira con esa expresión dulce, profunda, insondable.

Y esto es todo, y nada menos que todo esto, lo que nos ha regalado el setter como raza, y Carmelo, Lucas, Luna, Lar, como increíbles compañeros de los que aprender y disfrutar.

Mi consejo: adopta un setter y disfruta del juego con él para mantener sus necesidades e instintos activos de una manera sanadora para la Humanidad :))

                                                                   setter-xavi

 

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