CONEXIÓN CON EL ALMA ANIMAL

 

OLYMPUS DIGITAL CAMERATexto: Julio Abad
Fotos: Elisa García y Concha Marín

«En el principio de los tiempos, cuando tanto las personas como los animales vivían en la Tierra, una persona podía convertirse en animal si lo deseaba, y un animal podía convertirse en ser humano. A veces eran personas, y a veces animales, y no había diferencia alguna. Todos hablaban el mismo idioma»

Canción de los esquimales Netsilik

 

Sabemos muchas cosas sobre la capacidad de los perros de aprender nuestro lenguaje, su esfuerzo por entendernos y  cómo interpretan cada uno de nuestros gestos. Hay que reconocer que en la tarea de comunicarnos ellos han realizado la mayor parte del esfuerzo o, cuando menos, ellos han conquistado la mayor porción del éxito. Hasta tal punto que más que a una comunicación, hemos asistido a un largo monólogo: nosotros hablábamos y nuestros perros aprendían. Si bien es cierto que de un tiempo a esta parte cada vez son más los que han aprendido a mirar a sus perros y han logrado incrementar su capacidad de leer y entender sus emociones y necesidades, aunque aún queda mucho por andar, porque todos los avances alcanzados en educación canina han tendido siempre a facilitarnos la vida a las personas sin buscar la mejora de la convivencia entre especies, sino la adaptación de las características del perro al servicio de las necesidades del hombre, casi siempre a costa de su propia naturaleza.

 

DESAPRENDER

Si recapacitamos en la facilidad de los niños para comunicarse con los animales en general y con los perros en particular, descubrimos la envidiable inocencia de dos seres diferentes que se entienden tan bien porque son, justo en ese momento, dos seres que sólo piensan en cómo ponerse las cosas fáciles, sin dejar de mirarse ni pensar en nada más. Este recuerdo que seguramente tenemos todos y que a veces, de manera recurrente, se nos presenta como chispazos de la consciencia, no es otra cosa que afloramientos del subconsciente que nos posicionan, de repente, en nuestro ser en la Tierra, en la Naturaleza, en nuestra íntima y primitiva animalidad.
«El arte de la escucha», la capacidad de todo ser vivo para comunicarse o conectar con el resto de seres con los que comparte un hábitat y que le permite relacionarse con el resto sin las interferencias que nos han alejado de la esencia del Ser por razones de dominación o utilidad. Una capacidad que no se ha extinguido en el hombre adulto, un camino que simplemente hay que reconocer, recordar, desaprendiendo creencias que nos limitan al considerarnos a nosotros mismos entes separados del resto, en vez de aceptar que, como el resto, formamos parte de una unidad.

 

UNA VISIÓN MÁS COMPLEJA DE LAS
RELACIONES

Y así nos encontramos ante una de las puertas más interesantes por las que actualmente transita la educación canina, que lejos de considerar al perro como un ente aislado de su entorno, lo centra como sujeto del mundo en el que vive, con sus necesidades, sus capacidades, sus sentimientos, y aporta una visión más completa del complejo sistema de relaciones que se entretejen entre los hombres y los animales y donde conceptos como compenetración y complicidad adquieren significación plena. La capacidad de interacción de un perro en contraste con las situaciones de su propietario o la familia con la que convive y su capacidad de empatizar con nuestros sentimientos manifestándolos o padeciéndolos él mismo. ¿Son capaces nuestros perros de presentir y entender nuestros diferentes estados de ánimo? ¿son capaces de distinguir cuándo estamos alegres o de mal humor? Si diferencian y distinguen aquellas personas por las que sentimos simpatía o rechazo, si captan cuándo estamos estresados, enfermos o eufóricos, si en definitiva diferencian en nosotros actitudes de afectos u odios, estados de melancolía, apatía, tristeza… ¿cómo es entonces que pueden llegar a comportarse de una u otra forma con respecto a nosotros, si ellos mismos no los sienten y padecen igualmente?

 

EMPATÍA

La respuesta es obvia, puesto que es imposible para un perro imaginar un estado de ánimo o un sentimiento, sólo puede ser capaz de «empatizar» con nuestros diferentes estados emocionales si es capaz de sentirlos y padecerlos él mismo y precisamente por ser capaz de sentir y padecer lo que nosotros mismos sentimos y padecemos es por lo que son nuestros más fieles espejos, capaces de reflejar nuestras alegrías, nuestros éxitos, nuestras frustraciones y congojas. Todo lo que nosotros somos se manifiesta en nuestros perros mucho más de lo que pudiéramos siquiera imaginar: cuántas veces, al tratar de situar las causas de un supuesto «desorden» de un perro nos hemos dado cuenta de que obedecía, en realidad, a un problema de sus propietarios.
Encasillando distintas conductas como «indeseables» (ladridos, micciones incontroladas, ansiedad, desobediencia a la llamada, incluso agresividad) hemos limitado la profundidad del problema a la resolución de los síntomas mediante el adiestramiento y la educación para hacer la convivencia más soportable, ignorando o dejando de lado nuestra capacidad para sentir en cada momento y experimentar a cada momento lo que realmente está ocurriendo; sacudir de nuestro espíritu todo el estrés, el cansancio y las interferencias de la vida moderna, el agotamiento de nuestro ser permanentemente alerta de los mensajes del móvil, de nues-
tras aparatosamente artificiales conexiones humanas, de nuestro ancestral egoísmo de seres pertenecientes a una especie superior. Olvidando interiorizarnos, buscando el ser humano básico, natural y puro que todavía guardamos en lo más profundo de nosotros mismos para así ser capaces de lograr la conexión con nuestro perro y recuperar esa capacidad de escucha de la que hablábamos, concediéndole al animal el lugar que le corresponde. Y,a través de esa aceptación, aceptarnos a nosotros mismos derribando paredes de ideas preconcebidas y sanando las heridas de nuestro ser emocional, las cuales se reflejan en todos aquéllos con los que convivimos.
Para trabajar sobre conceptos tan básicos como aceptación y libertad para ayudar a las per sonas a encontrar las puertas de conexión con el mundo animal, puertas que todos llevamos dentro, estableciendo los canales de comunicación con nuestros animales de compañía y a través de ellos, reconciliarnos con nosotros mismos para superar este complejo entramado de muros de contención y corsés sociales que nos aíslan y nos alejan de la naturaleza.
Además, lo interesante que resulta aprender todo esto para profesionales veterinarios, llegando al diagnóstico a través del propietario humano delpaciente como intermediario, ya que cualquier aproximación a esa emoción que, no resuelta, enferma a nuestros perros, es una herramienta diagnóstica y terapéutica.
Es importante para la profesión veterinaria tener la oportunidad de aprender «experimentando» a conectar con nosotros mismos a través de esa mirada ancestral de la existencia. La información y el conocimiento son fundamentales para establecer nuevas y más íntimas estrategias de comunicación entre cuidador-perro-veterinario, para que pacientes y entorno familiar permanezcan sanos.
Podemos profundizar y explorar mediante los cursos de conexión del alma animal, vivenciales, de fin de semana, donde se trabaja con las energías de nuestros compañeros de vida, como perros, gatos, caballos y aves, pues aunque el trabajo cambia mucho según sea el animal, según sea su especie; según sea su misión y el lugar que le hemos concedido en la convivencia más o menos cercana al hombre; se trata de crear un espacio donde re-encontrarnos con quienes somos a  través de los ojos de nuestros animales.

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Asi Hidalgo, la terapeuta animal que imparte estos cursos, tiene especial afinidad con cetáceos, delfines, ballenas y orcas, ejerciendo como voluntaria de una red de actuación en varamientos de un centro de rescate de animales marinos en la costa catalana, asistiendo desde hace más de diez años a delfines y tortugas que llegan a las costas enmalas condiciones de salud.
A través de su experiencia personal y profesional fruto de una vida en contacto con la naturaleza y dedicada a la observación, conocimiento y concienciación nos explica que la «conexión del alma animal es una manera de conocer a los animales, más allá de las ideas preconcebidas, es devolverles a los animales ese lugar que les corresponde, aceptar quiénes son, cómo son y, a través de esa aceptación hacia ellos, nos llega la propia, ayudándoles a que tengan un mayor bienestar en la vida que eligieron. Sentirles con el corazón, abriéndolo y sanando tantas y tantas heridas, derribando tantos muros alzados por tanto dolor acumulado, son un bálsamo de puro amor para esos corazones cerrados, de aprendizajes a veces duros, difíciles e intensos, pero siempre desde el amor incondicional que son».

Aula de divulgación Centro Veterinario Chiva
http://www.centrovetchiva.com
http://www.hijasdelatierra.es

http://animalesmaestrosysanadores.blogspot.com.es

 

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